CARMORVAN
Yo no abandono mis pensamientos, me enfrento a ellos con comprensión, y entonces, son ellos los que me abandonan a mÃ.
Byron Katie
Algunos plenamente identificados con lo que representa estar atento en función de aprovechar nuestra vida en pro del crecimiento espiritual, han experimentado situaciones que les han proporcionado informaciones que en alguna forma han colaborado con el logro de este objetivo. Esas experiencias se han dado a conocer y muchas se plasman a través de cuentos que nos llegan y contienen informaciones que sabiéndoselas interpretar, colaboran en nuestro crecimiento. Es asà como en esta oportunidad se han seleccionado estos dos cuentos que contienen aspectos muy significativos en por de ayudarnos a crecer.
Uno de ello es sobre la prosperidad espiritual.
Sobre ello Pepe Arcay nos indica, que la Prosperidad espiritual tiene que ver con elección de conversaciones internas, elección de actitudes, elección de estados mentales que nos permitan aterrizar en estados de ánimo positivos, esperanzadores, que nos motivan a la creación de contextos de abundancia. Si te enfocas en el valor del ser humano más allá de las apariencias, aunque ese valor sea invisible a los ojos, se revelará ante ti. El pensamiento crea lo que cree. Cuando te enfocas en lo positivo aparece una conversación nueva en tu mente y cambia tu tono vital, tu estado emocional y con él la predisposición a la acción entusiasta. La vida entonces parece tener un sentido porque te unes a ella en su alegrÃa creativa.
PROSPERIDAD ESPIRITUAL
Se cuenta que un monje peregrino habÃa llegado a las afueras de la aldea y acampó bajo un árbol para pasar la noche. De pronto se acercó corriendo hasta él un aldeano y le dijo: ¡La piedra! ¡La piedra! ¡Dame la piedra preciosa!
¿Qué piedra?, -le preguntó el monje.
La otra noche, -respondió el aldeano-, se me apareció en sueños una divinidad y me aseguró que si venÃa al anochecer a las afueras de la aldea, encontrarÃa aun monje peregrino que me darÃa una piedra preciosa con la que serÃa rico para siempre.
El monje peregrino rebuscó en su bolsa y extrajo una piedra: Probablemente se referÃa a ésta, -dijo, mientras entregaba la piedra al aldeano-. La encontré en un sendero del bosque hace unos dÃas. Puedes quedarte con ella.
El hombre se quedó mirando la piedra con asombro. ¡Era un diamante! Tal vez el mayor diamante del mundo, pues era tan grande como la mano de un hombre. Asà que tomó el diamante y se marchó. Pasó la noche dando vueltas en la cama, totalmente incapaz de dormir. Al dÃa siguiente, al amanecer, fue a despertar al monje peregrino y le dijo: No quiero el diamante, quiero la riqueza que con tanta facilidad te permite desprenderte de él. (la-llamada.com)
¿CUENTAS CONTIGO?
Se cuenta que un grupo de diez sabios decidieron hacer un viaje junto para compartir su sabidurÃa y enriquecerse mutuamente intercambiando sus herramientas de aprendizaje y metodologÃas.
Pero también querÃan divertirse y una de las noches acudieron a una ciudad en la que se celebraba una fiesta local. Cenaron copiosamente, bebieron, bailaron y de madrugada se dispusieron a volver a su campamento situado al otro lado de un gran rÃo.
Para cruzarlo, cogieron una barcaza que habÃa atada a un árbol y fueron remando un poco confundidos por la niebla que les rodeaba. Finalmente llegaron bastante mareados y algo dormidos, a la orilla opuesta y ya en tierra decidieron contarse, en medio de bromas y carcajadas, por si acaso alguno habÃa caÃdo al agua. Pero al hacerlo descubrieron que solamente eran nueve. ¿Dónde estaba el décimo de ellos?
Buscaron entre los arbustos y la maleza que crecÃa al borde del rÃo pero cuando volvieron a contarse seguÃan siendo nueve. La situación era angustiosa. Uno de ellos se habÃa extraviado definitivamente. Comenzaron a gimotear y a quejarse culpabilizándose de no haberse mantenidos sobrios.
Entonces llegó el barquero que les habÃa facilitado la embarcación y observó a los sabios que otra vez se estaban contando. El barquero descubrió enseguida lo que estaba pasando. Resulta que cada hombre olvidaba contarse a sà mismo. Asà que le fue propinando una bofetada a cada uno de ellos y les instó a que se contaran de nuevo. Fue en ese instante cuando contaron diez y se sintieron contentos de estar ya lo suficientemente despiertos como para no olvidarse de si mismos.
TIPOS DE ORGULLO
Hubo una vez un rey que convocó a todos los caballeros de su reino, pues consideró que era tiempo de comprobar cuál de ellos era digno de ser su consejero y hombre de confianza en la corte. Muchos respondieron a su convocatoria y una vez estuvieron todos reunidos en palacio, el rey les habló asÃ: "Os voy a dar una semilla diferente a cada uno de vosotros. Al cabo de seis meses deberéis traerme en una maceta la planta que haya crecido. Y el que consiga los mejores resultados será el que ocupe el cargo".
Pasaron los seis meses y sólo una tercera parte de los convocados fueron al castillo para mostrar al rey sus macetas con hermosas plantas florecidas. Los demás no acudieron. Debieron considerar que el resultado obtenido era un fracaso. También hubo un joven que aunque plantó su semilla y no logró hacerla florecer, desfiló hacia palacio dignamente, con su maceta vacÃa, a pesar de las burlas de los demás. Por el camino iba pensando todo lo que habÃa aprendido en estos seis meses sobre jardinerÃa, sobre las leyes de la naturaleza y sobre virtudes humanas como la paciencia, el respeto y la perseverancia que hasta entonces no se creÃa capaz de cultivar y desarrollar en su vida. VolvÃa a palacio porque querÃa agradecer al rey la idea de la convocatoria ya que para él habÃa supuesto una posibilidad de descubrir talentos insospechados y cultivar nuevas habilidades. También volvÃa a palacio porque querÃa aprender de aquellos que hubieran conseguido hacer florecer sus semillas.
El alboroto se transformó en silencio expectante mientras el rey se paseaba entre todas las macetas admirando las plantas. Finalizada la inspección hizo llamar al joven de la maceta vacÃa. Atónitos, todos los demás participantes esperaban la explicación de aquella decisión. El rey dijo entonces: "Este joven será mi nuevo consejero. A todos se os dio una semilla infértil. Algunos no han vuelto y otros habéis tratado de engañarme presentándome resultados falsos, para ocultar vuestro supuesto fracaso. Este joven ha tenido la valentÃa de volver y mostrar su maceta vacÃa. Además ha sabido disfrutar del proceso y ver enriquecimiento allà dónde otros sólo visteis limitación. Ha actuado con inteligencia, honestidad, coraje, y sentido de la gratitud, cualidades que un futuro consejero del reino debe tener". (Adaptación libre de un cuento de la tradición hindú) (La-llamada.com)
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