CUENTOS ESPIRITUALES QUE NOS AYUDAN A SER CADA VEZ MEJORES (I/III)
CARMORVAN
"Entérate de lo que eres y sé lo que eres."
Pindaro
Afortunadamente muchos de los que se han detenido a leer estos artículos, ya habrán vivido un buen tiempo y tendrán una percepción clara de lo que ha sido su vida, del tiempo que ha transcurrido en función de aportar lo mejor de lo mejor, de tal forma, que nos haya proporcionado armonía, felicidad, aprendizaje,, conocimientos , todo aquello que nos ha permitido sorprendernos como hemos actuados, cuánto realmente hemos crecido como persona t especialmente cuánto hemos alimentado nuestro espíritu.
Esperamos que estos cuentos que hemos seleccionado en una entrega de tres artículos de alguna manera contribuyan en el compromiso que todos tenemos de crecer espiritualmente. Los hemos seleccionado para compartirlos y que ellos se transformen en estímulos que conlleven al lector a preocuparse más por el saber aprovechar la oportunidad que se nos da de permanecer, vivir y optimizar resultados que nos beneficien en nuestra misión, compromiso al transitar por estos lados.
El primer cuento está relacionado con el perdón y consideramos que este debe ser manejado en pro de evitar que se manifiesten aspectos negativos como la ira, el odio, todo eso que genera conflicto, nos estresa
Pepa Arcay al respecto señala que el perdón posibilita un marco de acción en el que el ser humano se recuerda a sí mismo y recuerda la vida que le traspasa y le une a todo lo que existe. Desde esa perspectiva las alternativas de conducta adquieren nuevas dimensiones porque todo asume un nuevo propósito: el de ser un recurso de aprendizaje para tomar conciencia de Ser, aquí y ahora
El perdón es un acto de amor. Es un ofrecimiento de amor incondicional por el reconocimiento del valor de todo más allá de los juicios que uno haga sobre sus acciones. El término en ingles para perdonar (forgive) significa literalmente "dar como antes", es decir, dar como antes de que hubiese ocurrido el daño.
FLUIR DESDE EL PERDÓN
Se cuenta que Roberto era un muchacho tímido e introvertido que vivía sólo en su pequeño apartamento, en medio de una gran ciudad. Los únicos animales que había visto eran gatos vagabundos, perros, ocasionalmente, alguna rata, palomas y unos cuantos insectos. Pero un día empezó a preguntarse cómo sería el mundo más allá de su barrio y la curiosidad le llevó caminando varios kilómetros hasta un parque zoológico.
Vio las jirafas con sus largos cuellos, los enormes gorilas e incluso un rinoceronte y una familia de elefantes. Nunca antes había visto aquellos animales. Pero cuando llegó ante la jaula del tigre, exclamó: ¡OH, yo te conozco! Eres un gato, un gato muy grande. Me gustan los gatos. Y así diciendo, introdujo su mano en la jaula del tigre para acariciarlo. El tigre arañó su mano y Roberto gritó de dolor. Durante la convalecencia de su herida, cada vez que se acordaba del tigre se sentía indignado. Ni tan sólo podía soportar pensar en aquel enorme gato.
Pero al cabo de un tiempo, echaba tanto de menos el zoo que se decidió a visitarlo de nuevo. Se sintió muy feliz al ver de nuevo los animales, pero simplemente saber que el tigre vivía en aquel lugar le indisponía. Después de un rato deambulando, preguntó a un transeúnte cómo podía librarse de aquellos sentimientos tan negativos en relación con el tigre. El desconocido le respondió: Bueno, como es bien sabido, cuando alguien te hiere hay que aprender a perdonar y olvidar. A Roberto le pareció una excelente idea. Decidió allí mismo que iba a perdonar y a olvidar y al llegar ante la jaula del tigre, se sentía fenomenal. Dirigiéndose al animal, le dijo: Oye gato, te he perdonado, olvidado todo, y me siento espléndidamente. Lleno de gozo, introdujo la mano en la jaula para acariciar al felino que, ni corto ni perezoso, se la arañó.
Esta vez Roberto quedó tan afectado que tuvo que acudir a un terapeuta. Le contó que había intentado perdonar y olvidar, pero sin resultados y el terapeuta le propuso probar a perdonar y recordar. Perdonar para liberarse del resentimiento, recordar para aceptar las cosas como son. Le sugirió además que investigase en la biblioteca sobre la naturaleza y los instintos de los tigres. Al día siguiente, Roberto regresó al zoológico y al llegar frente al tigre, desde una distancia prudencial le dijo: ¡Hola tigre! Te perdono. Ahora comprendo que no eres simplemente un gato grande. Pensé que eras algo que no eres. Lo siento. Eres un magnífico tigre y estás enjaulado. No lo olvidaré.
Se cuenta también que esa nueva comprensión y aceptación de la realidad a la que llegó Roberto a través de la práctica del perdón, le llevó a observar en si mismo la fuerza de una vocación. Siguió el impulso que le encaminaba a la observación del mundo animal y llegó a ser un reconocido investigador que aportó claridad y discernimiento en el área de la biología y los comportamientos instintivos. (la-llamada.com)
MIRADAS
Se cuenta que había una estatua de un rey con un dedo señalador que llevaba la inscripción: "Para obtener un tesoro golpea en este sitio".
Su origen era desconocido, pero generaciones de personas de aquella ciudad habían golpeado, con todo tipo de instrumentos, en el lugar señalado. Esos golpes, sin embargo, dejaron pocas huellas en la dura piedra aunque sí fueron mellando la confianza de la población en sus posibilidades de obtener la riqueza prometida por la inscripción. Algunos empezaron a considerar la estatua como una broma de mal gusto, pensada por algún antepasado que quería demostrar algo que nadie lograba entender. Para otros la frustración era tan grande que pidieron al alcalde de la ciudad que enterrase el monumento para no tener que verse enfrentados cada día a su propia impotencia.
Un día, un artista de un pueblo vecino, un hombre que disfrutaba contemplando la belleza de las formas de todo lo creado, llegó a la ciudad y se quedó conmovido por la belleza de la estatua. Estuvo observando desde todas las perspectivas posibles, el estilo, las formas, los materiales, el color, y hasta el sonido que producía el viento al rozar aquella obra de arte. Y gracias a la amplitud y profundidad de su amorosa mirada le fue posible observar que exactamente al mediodía la sombra del dedo señalador, ignorada por siglos, trazaba una línea en el pavimento al pie de la estatua.
Marcó el sitio, obtuvo los instrumentos necesarios, y con una barra hizo saltar la loza. Esta resultó ser una compuerta en el techo de una caverna subterránea. En ella había extraños objetos, de una hechura tal que le permitieron deducir la ciencia de su manufactura, hacía mucho tiempo pérdida, y en consecuencia pudo acceder al tesoro que la inscripción prometía. (la-llamada.com)

