CARMORVANE
Muchas veces hemos he estado a prueba que tan pacientes somos, especialmente, cuán tolerantes, que tanto nos identificamos con ella y sobre todo si la podemos manejar de talforma que nos favorezca, no nos origine conflictos.¿ Es usted tolerante? ¿Qé le impide serlo? ¿ ha determinado su alcance, lo que representa ser tolerante?.
En un interesante escrito sobre este tópico en el diario la Nación de Buenos Aires se comenta, que la Tolerancia, define la Real Academia de la Lengua, es el respeto y la consideración hacia las opiniones y las prácticas de los demás aunque sean diferentes de las nuestras. La intolerancia, su opuesto, suele ser distintiva de aquellos entornos en los cuales el otro es visto como ajeno, como amenazante, como un obstáculo o, en el mejor de los casos, como un simple medio para la obtención de un fin. Según señalaba el gran pensador humanista austríaco Viktor Frankl, autor de El hombre en busca de sentido y creador de la logoterapia, en ese entorno se deterioran las relaciones de sujeto a sujeto (en las que cada persona es registrada y aceptada por la otra como quien es y cada sujeto resulta, para el otro sujeto, un fin en sí mismo) y se instalan, en su reemplazo, los vínculos de sujeto a objeto (en los que el otro sólo es percibido en función de si “me es útil o no me es útil”). Así, cuando alguien no es “útil” (como socio, como amigo, como conciudadano, como pareja, como vecino, como coparticipante de una misma actividad), interfiere, estorba, molesta, distrae, resulta intolerable. Se instala la intolerancia.
¿Cómo se llega a esto? La psicoterapeuta Connie Zweig, especializada en la obra de Carl Jung (figura fundante de la psicología contemporánea) y estudiosa de los aspectos oscuros de la naturaleza humana, dice que basta con leer los diarios de cada mañana, ver los noticieros de la televisión, observar el comportamiento de las personas, para llegar a la conclusión de que “el mundo se ha convertido en el escenario de la sombra colectiva”. La sombra, recuerda Zweig, es aquello que, como definió Jung, expulsamos de nuestra conciencia, no aceptamos como parte de nosotros mismos y depositamos en otros. La sombra es la cara opuesta del ego. El ego es nuestra identidad pública y “oficial”, aquello que aspiramos a ser, la imagen que deseamos que los otros tengan de nosotros. ¿Qué hacer, entonces, con nuestros aspectos no deseados? Se los atribuimos sólo a los otros y, cuando los advertimos en ellos, nos volvemos intolerantes hacia esas personas.

La clásica novela del escritor escocés Robert L. Stevenson El extraño caso del doctor Jekyll y Mister Hyde es un planteo visionario sobre esta cuestión. El doctor Jekyll, un científico intachable, encierra en sí al señor Hyde, un epítome de la maldad, y hasta desea ser como él, cosa que sólo consigue a través de una pócima de su invención que lo transforma y le hace perder el dominio de sí. Cuando está lúcido y consciente, Jekyll aborrece a Hyde, no lo acepta, lo odia hasta desearle la muerte. “Los conflictos externos son manifestaciones de conflictos internos. Si alguien odia a otro, si no lo tolera, es porque de alguna forma se odia a sí mismo, no tolera aspectos propios que ve en aquél”, explica al respecto Lou Marinoff, asesor filosófico y autor de Más Platón y menos Prozac.


Zweig, Jung, Stevenson y Marinoff parecen coincidir, desde diferentes lugares, en que la intolerancia tiene un origen interno. Es decir, en que “como es adentro es afuera”, según se suele afirmar. Y en esta misma dirección se mueve Daniel Goleman, divulgador científico y creador de la categoría inteligencia emocional. Goleman lo observa desde la empatía. Aún más que la tolerancia, sería la empatía el verdadero opuesto de la intolerancia.

Empatía es la capacidad de una persona para participar y resonar afectivamente en la realidad de otra, para vibrar en una misma longitud de onda emocional. De allí nace la comprensión y deviene la aceptación. Es imposible empatizar si primero no se registra a la otra persona, si no se la observa con una mirada abierta y receptiva, no mecanizada, no automatizada. Como cada uno de los pasos y de los ingredientes con que se construyen y sostienen los vínculos humanos sólidos y enraizados, la empatía requiere tiempo y dedicación, presencia activa, no virtual ni formal, no espasmódica ni superficial.
Se ha señalado también que la tolerancia es la capacidad de conceder la misma importancia a la forma de ser, de pensar y de vivir de los demás que a nuestra propia manera de ser, de pensar y de vivir.

Si comprendemos que nuestras creencias y costumbres no son ni mejores ni peores que las de otras personas, sino simplemente distintas, estaremos respetando a los demás.

No es preciso compartir una opinión para ser capaz de considerarla tan válida como cualquier otra. Lo que hace falta es tratar de ponerse en el lugar de los demás.

Desde cada perspectiva, las cosas se perciben de una manera distinta. Por eso, analizar en grupo una situación, escuchando la opinión de cada miembro del mismo, nos permite valorarla mejor.

Compartir las diferencias nos enriquece. Algunas veces, a lo largo de la historia se pueden ver ejemplos de personas cuyas formas de actuar nacen precisamente de la falta de respeto hacia los demás. Dejar pasar actitudes desconsideradas e injustas es una manera indirecta de no respetar a quien las sufre. Por eso, ser tolerante es también definirse, dar un paso al frente, hacer una opción por la justicia y la paz.

Agrega Sergio Sinay en su artículo publicado en el diario la Nación de Buenos Aires, quela tolerancia puede llevar implícita la suposición injustificada de que la fe de los demás es inferior a la nuestra”, escribía el Mahatma Gandhi, líder de la revolución pacífica que derivó en la independencia de la India, en una carta enviada a sus discípulos en 1930, mientras estaba encarcelado. Con sutileza, Gandhi daba en un punto sensible de la cuestión. Tolerar conlleva, de alguna manera, cierto germen de superioridad. Hay un tolerante y un tolerado. En la tolerancia queda aún un matiz de juicio (“Soy mejor que tú, por eso te tolero a pesar de tus defectos”). El vínculo se mantiene en un plano inclinado; no alcanza aún la paridad.

Acaso por esto se escucha con tanta frecuencia la frase: “Soy una persona tolerante”. Es que autodefinirse como tolerante equivale a tener un pensamiento “políticamente correcto”. Y en las últimas dos décadas el pensamiento políticamente correcto (aplicado al trato entre las personas, al uso o no de ciertas palabras, a la defensa de ciertas causas) ha tenido un auge notable. Y riesgoso, al menos según el doctor en filosofía francés Vladimir Volkoff (especialista en manipulación informativa, autor de La désinformation par l’image). “Lo políticamente correcto consiste en la observación de la sociedad y de la historia en términos maniqueos. Lo políticamente correcto representa el bien y lo políticamente incorrecto representa el mal”, señala Volkoff. Según su mirada, esta modalidad anula la posibilidad de la discrepancia, exige alinearse en torno de lo que se considera “bueno” y acarrea el riesgo cierto de crear una nueva intolerancia, esta vez hacia quienes no se proclamen “tolerantes”.

El profesor de Etica y Economía de la Universidad de Barcelona, Félix Ovejero Lucas, describe a los cultores de esta modalidad como “intolerantes de segundo tipo”, los que “no pueden admitir su condición de tales y hasta se muestran como los campeones de la flexibilidad mental”. Eso no evita que el germen de la intolerancia perdure en su interior. Pablo Latapí, educador e investigador de la Universidad Nacional Autónoma de México, escribe al respecto: “No quiero imaginarme una sociedad democrática –definida por este concepto– como un conjunto de personas que se aguantan unas a otras, que se soportan porque no les queda otro remedio y que están reprimiendo sus antipatías y animosidades recíprocamente”.

Por último tome en cuenta como alguien señalaba, que la manera de servirte de la tolerancia es un metodo consagrado por Melquisedec a la maestria del "Sacer-dote" que de tiempos inmemoriales proclama: *Sed tan prudentes como las serpientes, pero tan inofensivos como las palomas*.
Ahora bien, piensa por un momento, ¿como serias de tolerante si…
a) Ves a un ser querido en un habito irresponsable que no logra cambiar..?
b) El auto esta detenido en medio del trafico en un dia de mucho calor..?.
c) Los chicos andan a los gritos corriendo por la casa cuando juegan..?
d) La persona que esperas es impuntual por tercera vez...?
el-amarna.blogspot.com" nos agrega tener presente, que la tolerancia es el sello distintivo de un Alma grande"

a) Si cultivas este raro don, notaras que a medida que pasan los dias te volveras mas alerta y experto en vuestro esfuerzo por evitar todos los malentendidos sociales inutiles.

b) Si caminas en la tolerancia, tendras la capacidad de evitar un buen numero de dificultades que se abaten sobre todos los que sufren una falta de adaptacion emocional, los que se niegan a crecer, y los que no aceptan la evolucion de su ancianidad con elegancia.