NIETZCHE
CARMORVAN
Se ha escrito más sobre Nietzche como filósofo, por sus maravillosas obras que nos legó, pero muy poco revuelo se hizo sobre sus composiciones, ya que tenía además el talento musical,hay quienes la consideran no muy buenas. No obstante dejó algunas obras. ¿Pero que hay al respecto?
“La obra de Nietzsche se inicia como monumento a Wagner, se forja como crítica a los postulados presentes en la metafísica wagneriana, y termina como repulsa decidida y cabal a su antiguo maestro”.
Mónica Cragnolini
Se sabe, que Eric Blondel, profesor de filosofía moral en la Universidad París I-Panthéon-Sorbonne, autor de Nietzsche, le corps et la culture (éd. PUF,1986), explora la potencia de lo musical como expresión del devenir y lo real.
A pesar de la piedad o de la curiosidad de algunos incondicionales o de musicólogos, las obras musicales de Nietzsche no han dejado y no merecen un recuerdo perdurable. Era un buen aficionado, pero no bastante competente para mantener la comparación con los verdaderos compositores. No temió rivalizar con uno de ellos, del cual se burló con frecuencia Robert Schumann, al punto de criticar su Obertura de Manfred, escribiendo una obra bajo el título (Manfred-meditación). Esta composición le ha valido los sarcasmos del músico profesional, al cual le había presentado su obra, el director de orquesta Hans vön Bülow, ex -marido de Cosima, hija de Liszt y esposa de Wagner.
Señala, que bajo la irregular pero esencial influencia de Schopenhauer, Nietzsche se acercó por primera vez a la intuición de la música como expresión plena del ser, como manifestación ontológica. En El nacimiento de la tragedia, en la hermenéutica nietzscheana de lo trágico-dionisíaco, la música es pasaje extático hacia el trasfondo abismal simbolizado por el dios creador del vino.

Sin la música la vida sería un error» (Crepúsculo de los ídolos, § 33). Esta magnífica declaración de amor a la música, que Nietzsche ha repetido en sus cartas a Peter Gast y a Georg Brandes, no se limita a una pasión personal. Nietzsche no es dado a los elogios. Él ha comparado a menudo la música con Circe por su poder equívoco: La música es un hechizo, (Carmen), ella embruja, pero también pervierte y absorbe completamente a sus auditores. «Cave musicam!» -¡Cuidado con la música!- (Humano, demasiado humano. Prefacio, § 3). De una forma bastante ambigua, Nietzsche ha escrito también que ¨es un prejuicio corriente en los filósofos creer que toda música viene de las Sirenas¨. (La Gaya scienza, § 372). Lo que es seguro, es que a la declaración citada en el epígrafe, Nietzsche le confiere innegablemente un alcance metafísico. El apotegma vuelve a colocarse a nivel de las intenciones del Creador: la vida deseada por Dios para los hombres no tendría sentido si faltara la música, la Creación estaría perdida si el mundo no incluyera la música. He aquí pues una suerte de Gloria in excelsis bajo la pluma del ateo Nietzsche, dirigido no a Dios, sino al mundo y a la vida. Sin música, la vida sería un error, así como, sin el Amor, la gracia y el Poder absoluto, Dios no sería Dios, sería un concepto fallido, una especie de diablo cojo.

Dios ha muerto. La vida es pues la única realidad. Y Nietzsche llama amor fati, afirmación, esta aprobación de la vida y de la realidad en todos sus aspectos, trágicos, fisiológicos, sensibles, afectivos, este «Fasagen» (dire-oui) «decir-sí» al mundo y a la vida, que las problemáticas metafísicas clásicas llamaban «Teodicea» (justificación de Dios). En este sentido, se podría atrever a decir que, para Nietzsche, la música es la justificación del mundo y de la vida, el «principio de razón suficiente», mejor aún, para hablar como Leibnitz, el «principio de lo mejor».
Es sobre Wagner que Nietzsche concentra sus análisis, luego sus críticas cada vez más virulentas y finalmente sus embestidas panfletarias. Este «Privilegio» lo es, porque los dos hombres han sido bastante cercanos durante gran parte de los años 70 (el período en Basilea de Nietzsche), cuando Nietzsche se adhirió profundamente al hombre y sobre todo que amó profundamente su música, cuando incluso le opone públicamente (post mortem), sin que por otra parte creérselo mucho en su fuero interior, la Carmen de Bizet. Y es este conocimiento íntimo del hombre y de la obra que hace que Nietzsche haya visto en Wagner, el símbolo por excelencia de lo que aborrecía y temía como decadente, demagógico, anti-artístico y moralizador en la cultura alemana y –es necesario decirlo- en él mismo, un poco de la misma manera que ha combatido violentamente en él mismo y en la filosofía, este epítome del pensamiento metafísico, que era a su manera de ver Schopenhauer.
Monica Gragnolini nos aporta sobre este tema, que las composiciones musicales de Nietzsche han sido objeto de diversas consideraciones, que van desde la absoluta denostación de las mismas (recordemos a Hans von Bülow diciendo que Nietzsche había violado a Euterpe, la musa de la música) hasta una más equilibrada visión que tiene en cuenta las dificultades en cuanto a formación musical por parte del filósofo y valora las composiciones desde este punto de vista. Es cierto que las mismas, más allá de este ámbito cercano al filósofo durante su vida, fueron poco conocidas hasta la edición de las partituras por Janz en 1976 y la aparición, desde 1992, de los compact disks con la ejecución de algunas de sus obras. Hay quienes critican la pobreza de sus composiciones y la falta de técnica, mientras que otros señalan que Nietzsche llegó a ser un dilettante dotado, y que su carácter de gran artista hallará expresión como escritor. Desde este punto de vista, sus virtudes poiéticas habrían hallado un ámbito más adecuado a sus posibilidades en la escritura. Otro tema es el de los músicos inspirados en Nietzsche, pero no ya en su música sino en su filosofía. Si bien no pudo componer tal como lo hubiera deseado, su pensamiento resuena en otras músicas. Más de un centenar de compositores han incluido al filósofo de alguna manera en sus obras. Algunos de esos compositores, como Delius, se asumieron como lectores apasionados del filósofo alemán, otros, como Richard Strauss, quisieron homenajearlo a pesar de que su simpatía hacia el filósofo no fuera constante,y alguno, como Mahler, reconoció explícitamente la influencia del pensador en su vida. Es significativo que muchas de las composiciones musicales relacionadas con Nietzsche abreven en Así habló Zarathustra, la obra que Nietzsche consideraba una sinfonía y que responde, en parte, a la estructura musical de este tipo de composiciones. Tal vez podría decirse que los músicos han captado lo que muchos filósofos académicos no han sabido o no han querido ver: que la filosofía nietzscheana más afirmativa se halla en el Zarathustra, y que esa afirmatividad se implica necesariamente con la música, de una manera tan cercana que sólo atravesados por ese discurso musical podríamos establecer la necesaria contrapartida de la distancia para intentar entender de qué se trata.