Carlos Mora Vanegas
“La mente y el cuerpo se manchan, se contaminan y se corresponden con la maldad. No hemos de hablar sobre el mal. Hemos de evitar condenar otros y alabarnos a nosotros mismos. La autoadulación y la autoglorificación retardan el desarrollo espiritual” Sathya Sai Baba
RESUMEN
Cuando nos hemos destino a leer este escrito ya hemos transitado un buen tiempo por esta dimensión, en nuestra alforja habremos guardado nuestras experiencias y aprendizaje. Ya tenemos un juicio de lo que hasta el momento hemos hecho en pro de nuestra vida. Sabremos en donde han estado nuestras debilidades y en donde nuestras fortalezas. Ya le habremos dado respuesta a lo qué estamos haciendo por aprovechar nuestro tiempo de vida.
En este artículo analizamos algunos aspectos relacionados en pro de de transitar positivamente en nuestro vivir hasta que se nos llame a dejar nuestro vehículo físico. CONSIDERACIONES, REFLEXIONES Cada día es una oportunidad de aprovechar nuestras experiencias, poner en práctica acciones que nos ayuden a cumplir con nuestra misión, línea de servicio que ya debemos de tener definida. Estamos de tránsito, desafortunadamente no manejamos cuánto tiempo tenemos para ello, pero si el que debemos saberlo aprovechar, estar atento de nuestro comportamiento, de saber usar ese potencial que se nos ha dado, potencial que genera creatividad, iniciativa en todo aquello que nos favorezca sin hacer daño a nadie. Ya debemos saber como satisfacer nuestras necesidades. Recuérdese como lo expresa Sergio Sinay en un interesante artículo al respecto,, que hacia mediados de 1940, el psicoterapeuta ruso-estadounidense Abraham Maslow, uno de los pilares de la psicología humanista, desarrolló su célebre pirámide, que describía las necesidades humanas. En la cima están las necesidades de autorrealización (cumplimiento de las potencialidades más profundas del individuo, las que dan sentido a su vida). En la base, las fisiológicas (alimento, agua, aire, abrigo, techo). Entre ambas, las de autoestima, de aceptación (amor, amistad, afecto, pertenencia) y de seguridad (protección). Maslow sostenía que, cubiertas las necesidades de la base, el individuo empieza a emplear sus energías progresivamente en las otras. A mitad de camino de ese ascenso, en las de aceptación, está socialmente incorporado. Maslow habla siempre de necesidades, nunca de “deseos”. Estos suelen camuflarse como necesidades, distraer la energía, generar conflictos interiores, insatisfacción, angustia existencial. Confundir deseos con necesidades y satisfacción o placer con felicidad suele ser un paso habitual en nuestra cultura y un motivo de confusión, desorientación y descontento. A todo ello agregamos, que hoy más que nunca debemos sorprendernos inatentos en todo aquello que debiéramos de estar atento, especialmente ante las características de los actuales escenarios, en donde la ilusión es predominante, se aferra en un materialismo canceroso que día a día aprisiona, destruye a muchos por no saberlo enfrentar con voluntad, con acciones que impidan que se manifieste, acciones que eviten que a lo largo nos vaya destruyendo, atacando nuestra autenticidad, valores, ética, crecimiento espiritual. Mientras permanecemos podemos contar con disciplinas, enseñanzas, sugerencias que nos han legado quienes ya transitaron y gracias a sus experiencias nos indican la manera de cómo podemos favorecer nuestro corto tránsito. Tenemos por ejemplo, las grandes lecciones, aportaciones que el Oriente nos lega a través de su filosofía, su religión, que merecen ser tomadas en cuenta, así por ejemplo como nos lo recuerda Sinay : en el Tíbet existe este dicho milenario: “Si quieres conocer el futuro, mira el presente”. Se puede traducir en las siguientes preguntas: ¿Están nuestros esfuerzos en lo que de veras importa y trasciende? ¿Estamos comunicados con la voz de nuestro corazón y con la mirada de nuestros seres queridos? ¿Estamos atendiendo a nuestras necesidades o somos presa de nuestros deseos? ¿Estamos viviendo una vida elegida o sólo la que se nos induce a vivir? Michael y Justine Toms, un matrimonio de consultores en comunicación y mercadotecnia, creadores de los Círculos de Trabajo Auténtico, grupos de reflexión sobre el sentido, el cómo y el para qué del trabajo en la vida de las personas, y autores de El zen del trabajo, dicen: “Servir a las personas y al planeta es el sello distintivo del trabajo auténtico. Lo que hagamos, cómo lo hagamos, cómo produzcamos, cómo consumamos, cómo nos relacionemos entre nosotros y con los otros, influirá en nuestra vida, en la de nuestros hijos y en la de los hijos de nuestros hijos Debemos a toda costa evitar caer en la redes de la dependencia, del apego que coarta nuestra libertad, que le da paso al sufrimiento, que nos condiciona a comportamientos que no nos favorecen, tener presente, que somos transitorios, que nada material nos podemos llevar cuando nos toca partir, simplemente las acciones que realizamos, los servicios que prestamos, todo aquello que se manifestó mientras se nos dio la oportunidad de estar, lo que incidió en nuestro Karma.
Aunque ha recibido algunas críticas (se le objeta “arbitrariedad” y se la ha llamado “obsoleta”, como si las características humanas pudieran serlo), la vigencia de la pirámide es fácilmente observable en el mundo contemporáneo. Un caso es el del holandés Jil van Eyle, que además de asesorar al director técnico del Barcelona, Frank Rikjaard, es el creador del proyecto Teaming, dedicado a recoger fondos para diversas ONG del mundo. Hoy, Van Eyle tiene 39 años; hasta los 33 fue un asesor mimado de grandes corporaciones. Entonces nació Mónica, su primera hija, afectada de hidrocefalia. No había esperanzas para ella: se le pronosticaba una pronta muerte. Van Eyle no se resignó, luchó por la niña a pesar del escepticismo médico. Mónica sobrevivió. Es sorda, ve poco, pero ha comenzado a caminar, sonríe, se comunica. “Hasta hace diez años, confiesa Van Eyle con coraje, yo era un idiota redomado. Sólo me importaba mi carrera, ganar dinero y tener un coche caro. Sufría si el auto de un amigo o de un colega era mejor que el mío. Así como me había prometido ser millonario, a partir de Mónica me juré que sería el mejor padre del mundo. Ella me enseñó a darle sentido a mi vida, y una vida con sentido es una vida útil. Hoy no tengo coche, pero no me siento solo, como cuando corría tras los millones. Vivo comunicado con los demás; eso es lo que necesitamos los seres humanos.”
Por cierto, no es lo mismo la comunicación de la que habla Van Eyle que la simple conexión. En su lúcido y ya clásico ensayo El amor líquido, en el que explora sin concesiones las relaciones humanas en la sociedad contemporánea, el sociólogo polaco Zygmunt Bauman advierte que vivimos en un planeta en el que cada vez hay más personas conectadas y, paradójicamente, más incomunicadas entre sí. ¿En qué se evidencia la incomunicación? Por ejemplo, en la falta de tiempo de padres para los hijos. Se delega la crianza en la escuela, en personal asistente (niñeras, profesores privados, entrenadores), en los juegos de computación, en la computadora misma, en la televisión.
La falta de comunicación se manifiesta también en la falta de tiempo para la intimidad (emocional, conversacional, creativa) en las parejas y familias, un fenómeno que resuena en los lamentos que, cada vez más, escuchan los psicoterapeutas, los consultores psicológicos, los pastores, rabinos y sacerdotes. Algo explicable cuando los principales suplementos económicos dan cuenta de la nueva modalidad de los ejecutivos, que consiste en trabajar más horas por semana, hasta incluir los domingos, aunque en este caso algunos aclaran que concurren a la oficina en bermudas, así como otros calzan su traje de baño y van a la playa provistos de su notebook con conexión inalámbrica. El psicoeconomista español Alex Rovira (asesor económico y autor de La brújula interior, un libro que vendió más de 400 mil ejemplares) fue consultado acerca de la frase que sostiene estas conductas: “No puedo no hacerlo, es mi trabajo, tengo que ganarme la vida”. Dice Rovira: “¡Qué frase tan perversa! La vida ya la tienes ganada, ahora dale sentido. O el último día te oirás decir: Sí, me gané la vida… ¡pero no la viví!”.
La comunicación se esfuma cuando los casi dos millones y medio de cuentas de correo electrónico que existen en el país portan un 90 por ciento de spam (mensajes basura) o de mensajes prescindibles, o cuando los 20 millones de celulares que circulan por el país son, a menudo, como advierten los estudiosos del comportamiento social, interruptores u obstáculo de la comunicación personal, ya que siempre tienen prioridad sobre la presencia del interlocutor de carne y hueso. Lo que nació como una herramienta de gran utilidad en emergencias o para contactos necesarios e imposibles hasta entonces, amenaza ahora con ser el “ruido” que impide la comunicación. Una verdadera paradoja.
Pero acaso nada sea tan paradójico como la cifra que proporcionó a
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